Una motera de raza
Esta vez la salida se retrasó hasta las 9:00h, como siempre Lady B. ya estaba esperando en la puerta, arrancamos motor y una vez acoplados los dos iniciamos la marcha, nos incorporamos a la carretera, y "para variar", Argés sigue en fiestas, y ciertamente es un pueblo que ponen las banderitas al inicio del verano y no las quitan hasta que finaliza, mientras tanto me voy diciendo, "espero que Chinchón no esté en fiestas, no me gusta visitar ciudades y pueblos en fiestas, no ves nada", pero aun así la mañana es bonita, y la carretera está solitaria.
Panorámica desde Lady B.
En este pueblo siempre estamos en fiestas.
Una vez pasado Argés, nos incorporamos a la monótona autovía, y tomamos dirección a Aranjuez, no habíamos avanzado muchos kilómetros cuando un cartel que ponía ´"Estación de Algodor" hizo su aparición, no lo di ninguna importancia, pero Lady D. me indicó que me desviase, que esa estación no era una maravilla, pero tenía cierto encanto, pues dicho y hecho.
La Estación de Algodor, fue construida a principios del siglo XX, hoy en día está abandonada para el transporte de viajeros debido al AVE, pero es utilizada para desviar trenes de las vías y proceder a tareas de mantenimiento.
Las estaciones de ferrocarril antiguas, y semiabandonadas como esta, tienen ese ambiente nostálgico que a mi particularmente me envuelve y me traslada al pasado ferroviario de mi familia, pioneros en España del ferrocarril allá en la República, cuando lo que ahora es RENFE, se llamaba la Confederación Nacional de Ferrocarriles.
No era la hora real
Sin comentarios
Lamentablemente, la estación estaba cerrada y no pudimos ver su interior, esta foto la conseguimos a través de los sucios y viejos cristales de la puerta.
Terminada nuestra breve visita a la Estación de Algodor continuamos dirección a Aranjuez, donde al poco tiempo de incorporarnos aparece esta cementera.
Como nota curiosa, las cementeras disponen de dos hornos, uno el que se usa de forma habitual y el otro por si se avería el principal, el principal no para nunca, ya que el consumo en el arranque de un horno de esta índole supera con creces el funcionamiento de este las veinticuatro horas al día, por tanto no interesa parar nunca, durante el "boom" de la construcción, los dos hornos funcionaban a pleno rendimiento sin pausa (no había ninguno de repuesto).
Continuando con la ruta, nos metemos en la extensa llanura que nos separa de Aranjuez, hay mucho silencio, la reportera no habla, y Lady B. es muy silenciosa, parece que vuela bajo sobre el asfalto, son los momentos que dedico para mi, para mis pensamientos, vuelvo a pensar que soy afortunado en llevar compañía cuando voy a algún sitio por primera vez, sí, la primera vez, ya que cuando vuelvo solo, muchas veces me paro en algún sitio que parece sin interés, y empiezo a recordar a la persona que me acompañaba, y es cuando me doy cuenta, que lo importante no son las motos, ni conducir, ni siquiera el viajar, si no las personas que me han acompañado a lo largo de mi vida, y que por un motivo u otro me han hecho feliz.
Metido en mi nostalgia en consonancia con el vuelo sigiloso de Lady B. me despabilo con la bofetada que me da la imagen de ver el Penal de Ocaña en la margen derecha de la carretera.
Hoy es domingo, esta lleno de familiares que van a ver a los reos que por un motivo u otro están privados de libertad, no me gusta, pero parece mentira, ellos ahí, sin libertad, y yo subido en una moto, y dicen que una de las mayores sensaciones de libertad la da el conducir una moto, yo sigo sin encontrarla, es más, ni siquiera encuentro sentido a la frase "sensación de libertad", bueno, seguiré haciendo kilómetros a ver si algún día me encuentro con la "tal libertad esa".
Entre cárceles, fábricas, estaciones y pensamientos llegamos a Aranjuez, debido a la hora y a que había que volver a comer a casa, decidimos no parar, ya que es una ciudad que conocemos bien.
Entrada en Aranjuez
Salimos de Aranjuez bordeando los jardines del Palacio Real, el sombraje de los árboles es muy agradecido, hace que el cuerpo refrigere, nada que ver con el desértico panorama que nos esperaba hasta llegar a Chinchón, pueblo al que llegamos en breve, famoso entre otras cosas por la bonita plaza que posee.
Bajada al parador
Tras subir por la calle principal, llegamos a la plaza, que está cortada, pero con gran suerte la parte izquierda de la calle está despejada, aparco la japonesa en el mencionado lugar, y un comerciante se anticipa para avisarme que retire de allí la moto, la policía tiene especial manía a los motoristas y sancionan con 120 €, sin piedad, no ha terminado de decirlo cuando pasa un municipal, con "pinta de no temblarle en pulso, ni el bolígrafo" y me ordena que retire de allí la moto, evidentemente ante tal derroche de autoridad hago caso.
Tras estacionar "mi montura" adecuadamente, entro en la afamada plaza, y me encuentro esto,
Chinchón en fiestas...tras jurar en arameo, gritar a los cuatro vientos "odio las fiestas", coger el santoral y empezar por el día 1 de enero, pasar por el 6 que es la Epifanía del Señor, miércoles de Pentecostes, y los diferentes domingos antes del Adviento, llego al 31 de diciembre día conmemorativo de San Silvestre, volviendo a decir "odio las fiestas", es ahí donde Lady D. consigue tranquilizarme de la única forma que puede, me conoce bien, invitándome a desayunar.
Momentos felices
Tras deleitarnos con sendos "chorizos al infierno" muy apropiados para un mes de julio, refrigerados con unas buenas jarras de cerveza, la vida se ve de diferente manera, incluso las fiestas pueden ser hasta divertidas, momento en el que decidimos ver la plaza, o lo que sea...
La curiosa forma de La Plaza Mayor de Chinchón se debe a que en su origen, se guardaba el ganado en ella, estando rodeada por las casas de los ganaderos, de tal forma que podían vigilarlo desde el balcón.
Detalles constructivos de los balcones
Que pena ser tan cobarde, si no hubiera sido torero
Una vez terminada la visita a la plaza, subimos a la parte alta del pueblo, donde se puede ver desde la distancia su castillo de origen renacentista.
Castillo de los Condes.
Panorámica del pueblo
No había tiempo para más, había que volver, ya que el sol apretaba y era cerca de la una de la tarde, la radiación solar en combinación con el chorizo al infierno, hicieron que Lady B. en este caso si que volase en el camino de vuelta, eso sí, con el pensamiento perdido en las conclusiones de lo vivido, tales como que quizás haya que dar la razón a "un tal David", no lo tengo claro, pero lo que si tengo claro, es que algún día si me gustaría volver solo y parar en sitios que aparentemente carecen de interés...(aunque prefiero la compañía).
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