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jueves, 20 de agosto de 2015

Ruta a Calatrava la Nueva 08-03-2014

     Escribo esta crónica a petición de una persona muy querida y apreciada por mi, quien en una de nuestras múltiples conversaciones sobre nuestra común afición a viajar, me pidió que así lo hiciese, es una ruta realizada hace un año, pero creo que tiene mucho interés sobre todo para los que nos gusta la historia, y muy recomendable para realizar una escapada de un sábado por la tarde en la que no se sabe donde ir.

     Fue un sábado, del mes de marzo, le dije a mi reportera favorita Lady D. - hoy vamos a visitar Calatrava la Nueva- a lo que respondió, - Bueno, ¿y eso que es? ¿un pueblo de colonización? -, sin dar más explicaciones, planeamos algo sencillo, ya que se trataba de pasar el sábado por la tarde, bocadillo de jamón y comer por el camino,´- voy a preparar casco y equipo de moto - dijo, a lo cual respondí, - no vamos en moto, vamos con Jordi -, sus ojos se iluminaron, Lady B. la encanta, pero Jordi, Jordi es su debilidad.

     Sentarse a los mandos de Jordi, es retroceder 50 años en la historia del automóvil, no tiene nada que ver con un vehículo actual, de ahí su originalidad.

     A las 13:00h aproximadamente estábamos en ruta, rumbo a la provincia de Ciudad Real, y más concretamente a la comarca de Calatrava, donde se encuentra ubicado nuestro destino, pero a la hora de iniciar el trayecto, el olor a jamón dentro del coche, hizo que buscásemos un descampado donde dar buena cuenta de este, y así se hizo.


                                                         La reportera con los preparativos


                                                             Momentos felices


                                                                           Jordi
 

                                                                  Lady D. y su debilidad


                                                                    Mi debilidad

     Después de repostar nosotros y Jordi, emprendimos de nuevo la ruta, no fue fácil de encontrar ya que no se trataba de una población cualquiera, pero según nos íbamos aproximando se podía vislumbrar la austera silueta de esta "población" en la cima del cerro "Alacranejo" donde se alza, pero es cuando se llega cuando impresiona realmente.


    
 
     Calatrava la Nueva, no es realmente una población, si no el Sacro Convento de la Orden de Calatrava.

      Como nota histórica la defensa de la plaza de Calatrava, fue encomendada en el año 1150 a los Caballeros Templarios, estos que eran tan poderosos como temidos, se encargaron de crear la línea defensiva para evitar el avance del ejercito musulmán hacia Toledo, pero fue a la muerte del rey Alfonso VIII, cuando el empuje musulmán hizo retroceder a los Templarios y ceder la plaza.

     Fue entonces cuando el rey Sancho III ante la grave situación, convocó un consejo de nobles y proclamó que Calatrava sería entregada a quien quisiera defenderla, en ese consejo se encontraba Don Raimundo que era Abad de Santa María de Fitero y un monje llamado Diego Velázquez, quien ante las burlas e incredulidad del resto de asistentes, pidieron Calatrava.

    Fue el 1 de enero de 1158 cuando el rey Sancho III firmo el tratado de cesión a perpetuidad de Calatrava a la orden del Cister, en poco tiempo formaron un ejercito de 20000 monjes-guerreros, que con el tiempo llegaron a tener tanto poder, que eran temidos no solo por el rey, si no por el mismo papa.
 
 
         Tras esta breve explicación a mi reportera, iniciamos la ascensión al Sacro Convento de la Orden de Calatrava, el camino que asciende hacia la fortificación fue empedrado en 1560 para la visita de Felipe II, y aún se conserva.
    
     Una vez arriba, el aparcamiento es amplio, con lo cual no hubo ningún problema para estacionar a Jordi.
 
 
     Aparcado Jordi, y tras ascender por otro camino empedrado, este mucho más corto entramos en la fortaleza, por su impresionante puerta.
 

                                      Camino que asciende desde el aparcamiento a la fortaleza


                                                         Exterior de las murallas


     Cuando uno se sitúa frente a la puerta de entrada, no puede evitar echar la vista atrás, e imaginar a esos monjes guerreros entrando a caballo.


     Pasear por sus angostas calles, hace una idea de como debía ser la vida de intramuros, una vida austera y entregada a la fe, no obstante solo podían desenfundar la espada ante los enemigos de Dios.

     Contaban con lo básico para ser autosuficientes.



              Estructura de la nave que contenían los molinos para la obtención de harina



                                                         Horno para hacer el pan

     Después de pasear brevemente por sus calles, nos dirigimos por una de ellas al Convento, que alberga una iglesia del siglo XIII.


                                                      Calle por la que se accede al convento.


     Camino de la iglesia, cuando se echa la vista atrás ya se puede adivinar el por que de su ubicación, se controla toda la comarca de Calatrava, y más importante aún, Sierra Morena, esa línea divisoria entre las dos religiones.


     Una vez en la iglesia, una de las cosas que más me impuso fue el rosetón situado en la fachada principal.

 
 
Puerta de la Estrella situada en la fachada principal, bajo el rosetón.
                                                

     La iglesia, consta de tres naves, esta sería la principal y de mayores dimensiones que las otras dos, también consta de un claustro que desgraciadamente no se encuentra en muy buen estado.

     En una de las zonas laterales, se encuentra el Campo de los Mártires, (el cementerio), donde se daba cristiana sepultura a los fallecidos.


                                                           Campo de los Mártires   

     Dejando el Campo Santo atrás, nos dirigimos paseando por sus calles y pasadizos al castillo.


                                                                    Calle típica


                                                                  Pasadizo de entrada


                                                 Puerta con la Cruz de la Orden de Calatrava


     Otra puerta típica, cuando uno ve estas puertas cerradas, no puede dejar de imaginar que secretos albergaban tras ellas en la época de máximo esplendor y poder de la iglesia.

     Después de dar un ligero paseo por la vetusta ciudad, nos dirigimos definitivamente al castillo.


                                      Bandera de la Orden, ondeando en una de las almenas


     Desde arriba, las vistas son impresionantes, y puede observarse, el paso principal de Sierra Morena, que conectaba Andalucía con la meseta, cualquier incursión del ejercito musulmán, era rápidamente descubierta e interceptada por estos valerosos monjes.


                                                            Vistas desde el castillo


     Mirando hacia el norte, se puede ver el Castillo de Salvatierra, esta fue la sede de los Templarios
 antes de que fueran expulsados por las tropas musulmanas. El Castillo de Salvatierra fue posteriormente arrebatado por la Orden de Calatrava al ejercito musulmán en la batalla de las Navas de Tolosa, estableciendo allí su primera ubicación, y fue poco después cuando se decidió construir el Sacro Convento de Calatrava la Nueva.

                       
                                            Vistas de Sierra Morena desde una de las almenas


                                                              Jordi desde arriba

     Una vez visitado el castillo, dimos por finalizada nuestra visita con otro ligero paseo por sus calles, es una sensación extraña la que da el pasear por una ciudad abandonada, pero si uno retrocede en el tiempo e intenta revivir las escenas que sucederían en aquella época, con monjes guerreros a caballo y entregados a la fe, la sensación llega a ser sobrecogedora.

        

                                              Vistas de la ciudad mientras la abandonamos



     Con esto finalizamos la visita y emprendimos viaje de vuelta a casa, viaje que transcurrió con una muy agradable conversación sobre lo vivido ese día.

     Antes de finalizar está crónica, me gustaría agradecer a la persona que me empujo a escribirla, ya que al recordar mientras escribía, ha sido como realizar un viaje "solo", a un sitio donde ya había viajado en buena compañía, esto me ha permitido parar en sitios que carecen de interés...







martes, 4 de agosto de 2015

Visita a Chinchón 19-07-2015

     Aunque siempre he sido etiquetado como un "lobo solitario" por los que me rodean, no es así, y los pocos que me conocen lo saben bien, me gusta viajar en compañía, buena compañía, sobre todo cuando es la primera vez que voy a un sitio, en este caso tengo suerte, me acompaña Lady D. la reportera que va ilustrando con su cámara los colores que tiene la vida en cada uno de nuestros viajes, y que cuando me conoció, me apodó, y esta vez si de forma acertada como "correcaminos".

                                              
                                                              Una motera de raza
 
      Esta vez la salida se retrasó hasta las 9:00h, como siempre Lady B. ya estaba esperando en la puerta, arrancamos motor y una vez acoplados los dos iniciamos la marcha, nos incorporamos a la carretera, y "para variar", Argés sigue en fiestas, y ciertamente es un pueblo que ponen las banderitas al inicio del verano y no las quitan hasta que finaliza, mientras tanto me voy diciendo, "espero que Chinchón no esté en fiestas, no me gusta visitar ciudades y pueblos en fiestas, no ves nada", pero aun así la mañana es bonita, y la carretera está solitaria.
 
 
 
Panorámica desde Lady B.
 
 
                                                 En este pueblo siempre estamos en fiestas.
 
     Una vez pasado Argés, nos incorporamos a la monótona autovía, y tomamos dirección a Aranjuez, no habíamos avanzado muchos kilómetros cuando un cartel que ponía ´"Estación de Algodor" hizo su aparición, no lo di ninguna importancia, pero Lady D. me indicó que me desviase, que esa estación no era una maravilla, pero tenía cierto encanto, pues dicho y hecho.
 


     La Estación de Algodor, fue construida a principios del siglo XX, hoy en día está abandonada para el transporte de viajeros debido al AVE, pero es utilizada para desviar trenes de las vías y proceder a tareas de mantenimiento.



 
     Las estaciones de ferrocarril antiguas, y semiabandonadas como esta, tienen ese ambiente nostálgico que a mi particularmente me envuelve y me traslada al pasado ferroviario de mi familia, pioneros en España del ferrocarril allá en la República, cuando lo que ahora es RENFE, se llamaba la Confederación Nacional de Ferrocarriles.
 

                                                                No era la hora real


                                                                Sin comentarios


      Lamentablemente, la estación estaba cerrada y no pudimos ver su interior, esta foto la conseguimos a través de los sucios y viejos cristales de la puerta.

      Terminada nuestra breve visita a la Estación de Algodor continuamos dirección a Aranjuez, donde al poco tiempo de incorporarnos aparece esta cementera.


     Como nota curiosa, las cementeras disponen de dos hornos, uno el que se usa de forma habitual y el otro por si se avería el principal, el principal no para nunca, ya que el consumo en el arranque de un horno de esta índole supera con creces el funcionamiento de este las veinticuatro horas al día, por tanto no interesa parar nunca, durante el "boom" de la construcción, los dos hornos funcionaban a pleno rendimiento sin pausa (no había ninguno de repuesto).

     Continuando con la ruta, nos metemos en la extensa llanura que nos separa de Aranjuez, hay mucho silencio, la reportera no habla, y Lady B. es muy silenciosa, parece que vuela bajo sobre el asfalto, son los momentos que dedico para mi, para mis pensamientos, vuelvo a pensar que soy afortunado en llevar compañía cuando voy a algún sitio por primera vez, sí, la primera vez, ya que cuando vuelvo solo, muchas veces me paro en algún sitio que parece sin interés, y empiezo a recordar a la persona que me acompañaba, y es cuando me doy cuenta, que lo importante no son las motos, ni conducir, ni siquiera el viajar, si no las personas que me han acompañado a lo largo de mi vida, y que por un motivo u otro me han hecho feliz.

     Metido en mi nostalgia en consonancia con el vuelo sigiloso de Lady B. me despabilo con la bofetada que me da la imagen de ver el Penal de Ocaña en la margen derecha de la carretera.


  
 
 
     Hoy es domingo, esta lleno de familiares que van a ver a los reos que por un motivo u otro están privados de libertad, no me gusta, pero parece mentira, ellos ahí, sin libertad, y yo subido en una moto, y dicen que una de las mayores sensaciones de libertad la da el conducir una moto, yo sigo sin encontrarla, es más, ni siquiera encuentro sentido a la frase "sensación de libertad", bueno, seguiré haciendo kilómetros a ver si algún día me encuentro con la "tal libertad esa".
 
     Entre cárceles, fábricas, estaciones y pensamientos llegamos a Aranjuez, debido a la hora y a que había que volver a comer a casa, decidimos no parar, ya que es una ciudad que conocemos bien.
 
 
Entrada en Aranjuez
 
 
     Salimos de Aranjuez bordeando los jardines del Palacio Real, el sombraje de los árboles es muy agradecido, hace que el cuerpo refrigere, nada que ver con el desértico panorama que nos esperaba hasta llegar a Chinchón, pueblo al que llegamos en breve, famoso entre otras cosas por la bonita plaza que posee.
 
                                                                     Bajada al parador
 
 
     Tras subir por la calle principal, llegamos a la plaza, que está cortada, pero con gran suerte la parte izquierda de la calle está despejada, aparco la japonesa en el mencionado lugar, y un comerciante se anticipa para avisarme que retire de allí la moto, la policía tiene especial manía a los motoristas y sancionan con 120 €, sin piedad, no ha terminado de decirlo cuando pasa un municipal, con "pinta de no temblarle en pulso, ni el bolígrafo" y me ordena que retire de allí la moto, evidentemente ante tal derroche de autoridad hago caso.
 
     Tras estacionar "mi montura" adecuadamente, entro en la afamada plaza, y me encuentro esto,
 
 
     Chinchón en fiestas...tras jurar en arameo, gritar a los cuatro vientos "odio las fiestas", coger el santoral y empezar por el día 1 de enero, pasar por el 6 que es la Epifanía del Señor, miércoles de Pentecostes, y los diferentes domingos antes del Adviento, llego al 31 de diciembre día conmemorativo de San Silvestre, volviendo a decir "odio las fiestas", es ahí donde Lady D. consigue tranquilizarme de la única forma que puede, me conoce bien, invitándome a desayunar.
 
                                       
                                                                Momentos felices
 
     Tras deleitarnos con sendos "chorizos al infierno" muy apropiados para un mes de julio, refrigerados con unas buenas jarras de cerveza, la vida se ve de diferente manera, incluso las fiestas pueden ser hasta divertidas, momento en el que decidimos ver la plaza, o lo que sea... 
 
 
     La curiosa forma de La Plaza Mayor de Chinchón se debe a que en su origen, se guardaba el ganado en ella, estando rodeada por las casas de los ganaderos, de tal forma que podían vigilarlo desde el balcón.
  
 
    

                                                    Detalles constructivos de los balcones

                
                                         Que pena ser tan cobarde, si no hubiera sido torero

      Una vez terminada la visita a la plaza, subimos a la parte alta del pueblo, donde se puede ver desde la distancia su castillo de origen renacentista.

 
Castillo de los Condes.
 

                                                                Panorámica del pueblo

     No había tiempo para más, había que volver, ya que el sol apretaba y era cerca de la una de la tarde, la radiación solar en combinación con el chorizo al infierno, hicieron que Lady B. en este caso si que volase en el camino de vuelta, eso sí, con el pensamiento perdido en las conclusiones de lo vivido, tales como que quizás haya que dar la razón a "un tal David", no lo tengo claro, pero lo que si tengo claro, es que algún día si me gustaría volver solo y parar en sitios que aparentemente carecen de interés...(aunque prefiero la compañía).